Desde que no nos vemos el mundo se ha vuelto loco. Volvemos a lo peor de nosotros con la sola intención de dejar una huella malvada, infectada no por un virus, sino con nuestra propia estupidez, repitiendo los errores de un pasado que a veces suena tan cercano, que estamos condenados a repetir mientras no dejemos de ser un rebaño de ovejas (pido perdón a las ovejas) dirigidas por falsos pastores que nos llevan por el camino equivocado. Tengo que confesar que no logro entender, si ya hemos aprendido a lavarnos las manos, porqué no aprendemos a limpiarnos las orejas ahora también. Escuchar lo que nos cuentas está muy bien, pero pensar por nosotros mismos está mucho mejor. Dejemos de ser espectadores aplaudiendo en el balcón para estar en el lado correcto, en el lado de quien salva más que nuestra vida, también la suya, porque lo siento mucho, señores pastores, su vida no va en el sueldo.

 Desde que no nos vemos los campos se ha llenado de flores y hasta los animales campan a sus anchas, señal de que no somos imprescindibles. El sol tienes otro brillo y hasta la contaminación se queda en casa, como nosotros. Hemos aprendido a que pase lo que pase, amanece y el día vuelve a empezar, saliendo a las calles con mascarilla, no como nosotros, que todavía no somos conscientes de que nuestra libertad termina justo donde empieza la del vecino, y que protegerse del virus también es protegerle a él. Desde que no nos vemos hablamos más, nos reímos más, que falta nos hacía. Hemos conocido a los que viven a nuestro alrededor e incluso hemos cantado canciones compuestas hace años. Así que seguiremos «resistiendo». Nos vemos pronto…

Mari Ropero.

Desde que no nos vemos
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