Me pongo a pensar si este mundo tendrá la fórmula para no volver a caer en los errores de un pasado que se nos cuelan entre las rendijas que dejan estos nuevos dioses que vienen a salvarnos. Parece que cada vez estamos más solos frente a la infección ideológica de aquellos que también se llaman humanos, aunque más bien se tendrían que llamar «seres de otro mundo». Un mundo que hace unos días recordó el Holocausto Nazi como una de las mayores injusticias, vergüenzas, de la historia. He leído como algunos de estos «seres» se descubren ajenos al dolor de miles de seres humanos que murieron sin una razón, que a día de hoy, 75 años después, nadie comprende y rechaza. Por otro lado,  también quieren «controlar» las escuelas, privando a nuestros hijos de la información necesaria para ser unos adultos sanos en respeto hacia los que les rodean. Les encantaría tener el poder de controlar nuestras mentes y así pensar, creer y amar a quien ellos decidieran; aunque lo siento, la batalla siempre estará perdida. Hace mucho tiempo que caminamos por este Mundo con el orgullo de no pensar, creer y sobre todo amar como si fuéramos marionetas con el mismo traje. Nos vestimos de colores para que se nos vea bien desde lejos.  

Pero si además hemos nacido mujer, nos tenemos que enfrentar al machismos retrogrado y sin sentido, que disculpa en cierta medida a los hombres que ejercen una violencia atroz sobre nosotras, dejando ya ocho mujeres asesinas en lo que va de año. Y en todo este caos alguien grita que lo mejor es guardarlo todo en cajas y fingir que aquí no pasa nada, que la violencia machista es una invención de unas cuantas locas. Me gustaría que se lo preguntaran a las más de mil familias que se han quedado sin esas mujeres asesinadas. Hijos, madre, padres, hermanas, hermanos, amigos… 

Lo dicho, seres de otro mundo. 

Mari Ropero. 

UNA VUELTA POR EL MUNDO
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