Hoy por la mañana mientras paseaba imaginaba cómo sería vivir en una de mis novelas, incluso quien sería yo. En cuál de las muchas vivas que aparecen en ellas me sentiría más identificada con quien soy. Tal vez una Carmen renaciendo de sus cenizas y convirtiéndose en la protagonista de cada paso que da, sin las ataduras de una esclavitud disfrazada. O tal vez Lourdes. Una mujer valiente que reconoce tener miedo de no ser perfecta, aunque bien podría ser la heroína de un cuento que siempre termina en tormenta, para que al día siguiente el sol vuelva a salir mucho más radiante. «En ese momento, un trueno nos sobresaltó a las dos. El escalofrío dejó petrificados nuestros cuerpos en mitad de la lluvia que nos estaba empapando». «El sol se fue y dejó paso a una luna preciosa… Era el momento más especial del día cuando llegaba a casa, después del trabajo. Sentarme un rato en la terraza era como reconciliarme conmigo misma. Me despedía de María, y volvía a ser Carmen». Fragmento de Ellas.

También podría vivir entre dos mundos, sujetos por Lucía; mi maravillosa Lucía. Patricia, Blanca; dos madres que lo son por amor, «Me asustaba mucho las palabras de mi madre, aunque estaba decidida a arriesgarme». «Allí donde los sueños no alcanzan, yo tengo alas para llegar…» Fragmento de Cartas a Lucía. Y llegaron, llegaron tal alto que perduran en los sueños.

Con mi tercera novela conocí a Marina, la más valiente de todas, dejándose llevar por el rumos de cada ola chocando contra las rocas, poniendo su vida a merced del destino.  O quizás podría ser mi quedísima Noelia, uno de los personajes que más alegría me dio al conocer, y que aquí sigue. Desordenada e inquieta, pintora de paisajes que siempre llevan al mar.»Le dije que sí, que quiero salir de esta sombra y volver a ver el sol de la tarde». «Aquella noche fue la peor de mi vida». Fragmento de Sigo tus huellas.

Ahora, ya pasados unos días y volviendo a revivir sus vidas de nuevo en mi cabeza, pienso en que no sería ninguna de ellas. Pero sí creo que sería fascinante ser amiga de estás mujeres de las cuales aprendería muchas cosas… Y vaya si aprendí.

Mari Ropero.

Locuras de Escritora
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